Rentabilidad y seguridad

Vivimos tiempos complicados en multitud de aspectos, también en relación a los Productos Financieros donde a los tipos de interés negativos se suman los vaivenes de los Mercados. Veamos una reflexión al respecto de los Depósitos a Plazo fijo en los tiempos actuales.


Una de las películas actuales que más me ha gustado en los últimos tiempos es “El Fundador“, film de 2016 que narra desde una perspectiva cinematográfica cómo fue la fundación y la evolución temprana de la cadena restaurantes de comida rápida más famosa del mundo, Mc. Donald’s. El protagonista de la película es el que fue el fundador del imperio empresarial actual, Ray Kroc, aunque lo curioso del caso es que él no fue el inventor de la exitosa y entonces novedosa y exitosa manera de trabajar de los restaurantes “Mc Donald’s”, y en ese detalle estriba lo interesante del film.

Se trata de que los inventores del sistema de trabajo de lo que a la postre se convirtió en una gran multinacional fueron dos hermanos que regentaban una simple hamburguesería en California, los hermanos Mc Donald. Los hermanos Mc Donald habían sido visionarios en lo que al proceso de cocción y venta se refiere e incorporaron casi todos los elementos que hoy configuran los actuales restaurantes de la cadena, pero les faltaba iniciativa para expandir su negocio, preferían la comodidad y la seguridad que su rentable pero único restaurante les ofrecía a embarcarse en inciertas aventuras de riesgo ya que, además, ya habían tenido alguna que otra mala experiencia intentando franquiciar su idea. A todo ello conocen de manera casual a Ray Kroc y llegan a un acuerdo, ellos continuarán con su rentable pero solitario negocio y dejarán todo el asunto de la expansión y franquicias de su gran idea en manos del señor Kroc; a cambio, ellos mantendrán el control último de la situación y percibirán beneficios. El carácter conservador de los hermanos Mc Donald pronto empezó a causar serias dificultades y trabas a los planes de Kroc, hasta que llegó el momento en el que éste, gracias a haber sabido asumir los riesgos adecuados en el momento preciso, se impuso y consiguió no sólo fundar una cadena de restaurantes implantada en todos los Estados Unidos, sino también birlar la marca y la manera de trabajar a los hermanos Mc Donald. Al final de todo el asunto, los millonarios beneficios fueron para el señor Kroc y los hermanos Mc Donald continuaron con su simple hamburguesería, pero perdieron su idea y hasta su nombre, ya que su hamburguesería nunca más pudo llamarse “Mc Donald’s”.

 

Colas en el restaurante original. Fuente: Tráiler oficial del film.

La historia anterior presenta muchas moralejas pero una de ellas, salvando la distancia, puede ser útil para el tema central de este post; centremos pues el relato en los Productos Financieros entendidos como aquellos en lo que el inversor deposita un capital con la esperanza de conseguir una rentabilidad. Siempre ha habido, pero más quizá en estos momentos, una gran parte del Público que es adversa al riesgo y que, por lo tanto, prefiere no ganar ninguna rentabilidad antes que aceptar algún riesgo en su inversión por mínimo que éste sea. No les culpo, vivimos ciertamente momentos convulsos, los Mercados sufren vaivenes constantes y a nadie le gusta ver sus ahorros disminuidos en alguna proporción aunque ello sea de manera temporal (hay que tener en cuenta que nadie gana o pierde hasta que cancela o vende un producto financiero). En ese sentido, el público que se considera muy adverso  al riesgo prefiere habitualmente depositar sus ahorros en un Producto Financiero que siempre ha tenido la fama de ser el más seguro y uno de los más simples de todos, el Depósito a Plazo Fijo. Todos sabemos en qué consiste un Depósito a Plazo Fijo, simplemente se trata de depositar una cantidad de dinero en una Entidad Financiera y a un vencimiento determinado a cambio de ir percibiendo una cantidad periódica en concepto de intereses para, al vencimiento del depósito y si no hay renovación del mismo, recuperar el capital invertido, estando este capital garantizado por la Entidad Bancaria en el que esté depositado y, en última instancia y con los límites marcados por la Ley, por el Fondo de Garantía de Depósitos.

Así, ante tal facilidad de funcionamiento, no es de extrañar que el depósito a Plazo tenga muchos adeptos, ya que a la rentabilidad asegurada se le suma la sensación de total seguridad y digo “sensación” porque, si bien la seguridad del producto es altísima, ciertamente, en la situación actual ésta no es total al cien por cien. Me explico, ya hace bastante tiempo que los tipos de interés están en negativo y en los que los tipos de interés ofrecidos por los Depósitos a Plazo Fijo son en su gran mayoría del cero por ciento; en esta situación alguien podría decir, “aunque no gane intereses, al menos tengo mi capital asegurado“. Cierto, si un inversor deja su dinero durante tres años al cero por ciento en un Depósito a Plazo al final recuperará su inversión pero, en términos reales, ¿realmente recuperará la misma capacidad de compra que tenía en el momento de invertir? Pues la respuesta es que NO, ya que existe un factor llamado inflación, factor que hace que el dinero, por decirlo de algún modo, pierda valor en el tiempo.

Para entender “grosso modo” como funciona la inflación en este asunto, retrocedamos a los años setenta y supongamos que los padres de un cliente bancario pusieron a favor de su hijo diez mil de las antiguas pesetas en un depósito a largo plazo al cero por ciento con la esperanza de que tuviera unos ahorros para cuando los necesitara; supongamos también que este cliente bancario olvidó la existencia de este depósito y que encontró hoy mismo su cartilla abandonada en un viejo baúl; supongamos también que en todo el tiempo pasado el tipo de interés del depósito hubiera sido siempre del cero por ciento y que no se le hubiera adeudado comisión bancaria alguna, es decir, que el capital se hubiera mantenido constante en todo este tiempo. Raudo y veloz, el cliente en cuestión va al banco a retirar el dinero depositado en la libreta recién encontrada y recibe sesenta euros, la misma cantidad depositada en su día por sus padres allá por los años setenta del pasado siglo. En pocas palabras, la cantidad de dinero se mantuvo constante, no así la capacidad de compra, ya que no es lo mismo diez mil pesetas de los años setenta que sesenta euros de hoy. Ése es el efecto de la inflación.

De ahí que la recomendación sea normalmente, aunque más en los tiempos que corren, diversificar e intentar invertir en productos financieros que puedan generar alguna rentabilidad aunque sean a más largo plazo. Lo que es muy arriesgado a corto plazo puede no serlo a largo y, de la misma manera que los hermanos Mc Donald prefirieron la sensación de seguridad que su humilde restaurante les ofrecía a corto plazo, a largo plazo vieron totalmente devaluada su idea y su negocio; no fue éste el caso del señor Kroc, que tuvo la visión de arriesgar para conseguir el éxito a largo plazo (y quien dice éxito dice rentabilidad) aunque ciertamente sufrió más a corto plazo.

Y, ¿en qué producto invertir? pues ello dependerá del perfil de cada cliente inversor ya que cada persona es diferente. Diversificar es una muy buena opción y la de buscar asesoramiento en su entidad también lo es, no olvidemos que hoy en día la normativa protege al inversor; en ese sentido, explorar el mundo de los Fondos de Inversión, quizá de manera más tímida al principio aunque más decidida después, es un buen consejo. Ahora bien, el planteamiento debe ser siempre tener en cuenta cuál es el horizonte temporal de la inversión que queramos realizar y cuál es nuestro perfil de riesgo, si los tenemos claros, la elección del producto será más fácil.

Y es que la alternativa de dejar el dinero al cero por ciento en un depósito, por mucha garantía que tenga, puede ser una buena opción a corto plazo pero no lo es nunca a largo. Por lo tanto, cada persona que hoy en día quiera invertir un capital debe elegir, o bien la opción conservadora de los Hermanos Mc Donald del ejemplo anterior, o bien la más arriesgada del señor Kroc. Ambas tienen ventajas e inconvenientes, a corto plazo podemos ser muy conservadores pero si no necesitamos el capital en el corto plazo deberemos explorar otras alternativas y aceptar algo de riesgo, aunque siempre adecuándonos a nuestro perfil. Ciertamente, el mundo no es ni blanco ni negro, nadie es exactamente como los Hermanos Mc Donald ni nadie es exactamente como el señor Kroc, pero en escoger bien entre la gama de grises está la clave de la rentabilidad financiera en los tiempos que corren.

Tortosa, 25-1-2021

Jordi Mulé.

Economista C.E.C. núm 13147.

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