Desorden

Hace ya mucho tiempo que se sabe de manera fehaciente que todos los sistemas, de manera natural, tienden siempre al máximo desorden y ello es cierto también en otros órdenes de la vida, incluidas las relaciones humanas. Veamos una reflexión al respecto.


El siglo XIX fue un siglo de descubrimientos y fue la época en la cual la Ciencia logró una dimensión y cariz ya bastante similares a como hoy estamos acostumbrados a verla; a finales de este siglo, en 1865, se introdujo en el lenguaje científico el concepto de entropía, definido éste como la medida del grado de desorden de un sistema. Para explicarlo de manera sencilla, la entropía mide de alguna manera la organización del sistema estudiado y, si el sistema presenta un alto nivel de desorden, la entropía será alta; si, por el contrario, el sistema es eficiente y estructurado, la entropía tenderá a cero.

Consecuencia de esto, según una de las llamadas “leyes de la Termodinámica“, los sistemas tienden de manera natural al máximo desorden y, por ello, es más fácil que algo esté desordenado que ordenado y, además, ordenarlo consume energía; en cambio, desordenarlo no la consume o consume mucha menos. Es decir, cualquier cosa en el Universo tiende de manera natural a la máxima entropía, al máximo desorden; por ejemplo, la temperatura tiende a igualarse a la de su entorno y un helado se deshará espontáneamente por este motivo a menos que no lo pongas en un congelador donde, consumiendo energía, se le mantendrá a la temperatura necesaria para que no se funda. Derivada de este concepto aparece la teoría de la “entropía de la información” que intenta definir cómo es de fiable la información que recibimos y que dice que esta fiabilidad depende del número de fuentes consultadas y de la calidad de la información en ella misma, cuantas más fuentes haya, más divergentes sean y más información no importante incluyan, más “entrópica“, menos fiable será la información recibida.

Esto no deja de ponernos en evidencia aquello que ya sabemos todos de manera intuitiva, es más fácil derribar un edificio que construirlo y es más fácil desmontar algo que montarlo. En las relaciones humanas pasa siempre algo similar, es más fácil creer una mala noticia que una buena y, en caso de que alguien yerre en alguna cuestión recibirá muchas más críticas por este hecho que elogios por los aciertos anteriores. Ciertamente, en este sentido, la sociedad humana es entrópica, igual que todo el que lo rodea y esto no nos tiene que extrañar.

Sin embargo, puesto que nuestra Sociedad tiende de manera natural a la simplificación y al desorden entendidos estos como sinónimo de anarquía, nosotros mismos añadimos cierta energía para que todo vaya funcionando, de tal manera, nos dotamos de leyes que nos dan un marco de convivencia al cual todos estamos sujetos y escogemos nuestros gobernantes para que velen por el pueblo, por la Sociedad. Aun así, las decisiones que, de vez en cuando, toman estos gobernantes pueden y tienen que ser criticadas, ya que que no dejan de ser decisiones humanas y, tal como decían nuestros antepasados romanos, “errare humanum est“; ahora bien, errar dos veces en el mismo asunto ya no debería ser tan tolerado ya que, como también decían los romanos, “non bis in idem“.

Ante situaciones excepcionales como las que ahora vivimos habría que esperar decisiones excepcionales y así ya hace nueve meses que va siendo, hemos sufrido confinamientos, restricciones, cambios de normas, aperturas, cierres perimetrales y una larga serie de propósitos y despropósitos, siempre pensados (quiero creer) con la mejor de las intenciones pero, a pesar de ello, no siempre lo bastante efectivos. En este sentido, y en concreto hablando del sector de la Hostelería y Restauración en Catalunya (que no es el único de los varios sectores afectados), las decisiones tomadas han afectado a este sector de manera directa y no sólo una vez, sino en varias, de tal manera que actualmente el sector está literalmente contra las cuerdas. Sufrió ya el cierre total de marzo y abril, el reciente cierre y, ahora que habían podido volver a abrir, el Govern les impone unos horarios inverosímiles y difíciles de cumplir; una situación que literalmente les dice “ahora puedes abrir“, “ahora no puedes abrir” dependiendo de las horas y que hará que muchos negocios, sencillamente, no abran por no ser rentable el hacerlo.

Y es que las cosas ordenadas y claras siempre son mejor que las cosas desordenadas y poco claras; en el caso de la Restauración, o se puede abrir o no se puede abrir, “si una cosa se dice, se hace y, si no se puede hacer, se dice” y siempre de manera clara y concisa y sin ningún tipo de error, así de simple. Una decisión clara en el sentido de prohibición de apertura tendría que ser formulada sin ningún tipo de duda y, eso sí, con todas las ayudas públicas que sean menester para el sector afectado por el cierre y no es justo decir que no se tienen recursos para hacerlo, no haber tomado la medida sin tener antes el apoyo económico imprescindible si no se quiere que la medida impacte de manera desigual. Las medidas actuales, aunque no sea ésta la intención, creo que parecen más hechas para evitar que alguien pueda, argumentando que no se le permite trabajar, provocar disturbios porque, si no, no se entiende este galimatías de horarios y excepciones.

Y ya sabemos que todo al Universo tiende a la máxima entropía, al máximo desorden, pero uno esperaría de su Gobierno precisamente que aplicara la energía necesaria para cambiar esta tendencia natural. Ya sabemos cómo parece que va funcionando todo últimamente y más, en lo referente a la gestión de esta crisis pandémica; aun así, una cosa es que nuestra Sociedad sea “entrópica” y otra cosa es que nuestros gobernantes parezca que no hagan bien sus previsiones en el momento de tomar según qué decisión y se decreten normas que parecen más un galimatías o un follón; todo ello, con el agravante de las elecciones catalanas a la vuelta de la esquina. En pocas palabras, hay que tomar medidas para luchar contra la pandemia, sí rotundo, pero también hay que tener los recursos necesarios para ayudar los afectados de una manera efectiva, no se tiene que aumentar el desconcierto a cada decisión que se toma, porque si así sucede los gobernantes hacen un mal servicio a la Sociedad.

Tortosa, 22-12-2020.

Jordi Mulé.

Economista C.E.C. núm 13147.

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