Encrucijadas

En la vida de una persona, de vez en cuando, aparecen encrucijadas entendidas éstas como aquellos momentos en los que uno tiene que reflexionar y tomar una decisión crucial. Los momentos que actualmente vivimos se pueden considerar encrucijadas por muchas razones; veamos una reflexión al respecto.


A caballo entre los siglos IV y V después de Cristo, el emperador romano Teodosio el Grande tomó una decisión que fue capital para los futuros acontecimientos sociales, económicos, políticos, históricos e, incluso, lingüísticos, de Europa y, de rebote, del mundo entero. Este “augustus” romano decidió repartir el vasto Imperio Romano, entonces ya un estado cristiano y bastante alejado en el tiempo y la forma de las gestas de Julio César, Claudio o Trajano, entre sus dos hijos. A partir de aquel momento el Imperio que durante cuatro siglos había sobrevivido siendo un solo Estado (salvo las crisis y diferentes usurpaciones de los siglos III e IV) pasaría a dividirse en dos mitades cada una gobernada por su propio “Augusto”. La parte occidental, en la cual nos encontramos nosotros, pasó en manos del emperador Honorio , la parte oriental, que abarcaba Grecia, Egipto, la actual Turquía y gran parte del Oriente Medio, pasó en manos de su hermano, el emperador Arcadio.

Este hito marcó un cambio histórico radical, el Imperio Romano nunca más se reunificó. La parte oriental sobrevivió, con mayor o menor fortuna y sufriendo muchas transformaciones, hasta el año 1453, fecha en la cual su capital, Constantinopla, cayó en manos de los turcos otomanos que rápidamente la rebautizaron como Estambul; esta mitad oriental es conocida hoy como Imperio Bizantino y su estudio es muy importante si se quiere entender la Edad Media. La parte occidental tuvo menos suerte, casi inmediatamente después de la toma de poder por parte de Honorio, empezó a sufrir migraciones e invasiones por parte de los bárbaros, variopintas intrigas de palacio y traiciones diversas; este estado occidental sufrió un siglo V muy convulso hasta su definitiva desaparición; se considera oficialmente desaparecido desde el año 476, cuando el último “augusto” occidental, Rómulo Augústulo, fue depuesto por un general bárbaro que se había sublevado en su contra; así es como nos explica la Historia que empezó la Edad Media en la Europa Occidental.

Vista del Imperio Romano de Occidente y del Imperio Romano de Oriente. Fuente, Wikipedia.

Y es que en la vida, como en todo, hay momentos en los cuales uno tiene que tomar una decisión que puede afectar al futuro, sea inmediato o lejano, de una manera que, en aquel momento, nadie puede ni siquiera imaginar. No obstante, hay momentos en los cuales la toma de esta decisión adquiere una solemnidad especial, son aquellos momentos en que uno puede ser consciente de la importancia de su acto más que en otras ocasiones. En los momentos actuales la Sociedad Mundial y en particular, nosotros mismos, estamos sufriendo una pandemia que nos ha hecho, en solo nueve meses, cambiar buena parte de nuestros hábitos más arraigados, incluyendo el simple hecho de poder dar la mano en alguien como signo de saludo y respeto y no sólo esto, sino que estamos empezando a sufrir una crisis económica de evolución claramente incierta y eso, en el mejor de los casos; es decir, estamos viviendo momentos disruptivos en el orden social motivados por una pandemia la cual no deja de ser un hecho coyuntural pero los efectos de la misma son y serán profundos; no me refiero sólo a los efectos en la Salud de la maldita enfermedad, sino también a los efectos económicos a medio y largo plazo y a su inevitable repercusión política y social, porque toda crisis económica lleva a una crisis política y social.

Hace pocos días hemos asistido al anuncio de la aparición de las primeras dos vacunas contra el coronavirus que produce la Covid-19; la primera, la de Pfizer y Biontech, se ha anunciado como efectiva en un 90% de los casos pero sufre de una serie de inconvenientes, siendo el más importante de los cuales el referido a sus problemas de almacenamiento y distribución puesto que requiere temperaturas del orden de -70 grados Celsius si se quiere poder almacenarla con garantías de no perder efectividad. La segunda, la anunciada por la compañía Moderna (Mode RNA), que promete un 94% de efectividad y con temperaturas de almacenamiento mucho más asequibles para cualquier frigorífico doméstico que tenga un mínimo de calidad. Las dos usan un sistema realmente considerado como de Alta Tecnología, puesto que básicamente consisten en inocular en el organismo del receptor parte del RNA del virus (básicamente, el libro de instrucciones sobre como fabricar la proteína externa del virus), de forma contraria a lo que hacen las vacunas tradicionales que lo que hacen es inocular el germen atenuado o muerto en el organismo del receptor. Con este sistema tan novedoso se consigue que el organismo receptor, a pesar de no haber tenido nunca contacto con el virus, aprenda a reconocer como patógena la proteína del mismo y, directamente, pase a fabricar anticuerpos.


Estas dos vacunas que ya están muy cerca de ser comercializadas no están solas, se calcula que en el mundo hay en diferentes estadios de elaboración un total de aproximadamente cuarenta y ocho vacunas, cada una, con sus propias características y efectividades. Por lo tanto, en este momento estamos en condiciones de decir sin tapujos que la solución médica a la pandemia parece ser que pasará por la vacunación masiva de la población y, por lo tanto, por llegar a adquirir la inmunidad grupal, cosa que nos permitirá convivir con la Covid del mismo modo como ya convivimos con tantas otras enfermedades. Sin embargo, en este momento en que parece que llegan buenas noticias, aparecen voces discordantes, desconfiando de inocularse este vacuna argumentando que puede ser que no sea efectiva, que es muy extraño que se haya desarrollado en tan poco tiempo, que no está garantizada la inmunidad por siempre jamás, y tantos otros argumentos para evitar vacunarse. Los argumentos son todos comprensibles, pero el problema de la situación actual es que, a pesar de que podemos pensar que se nos presenta una encrucijada sobre si hace falta o no vacunarse, realmente ésta es mucho más siniestra, la decisión no es sobre si nos tenemos que vacunar o no, la decisión estriba en si queremos volver a nuestro modelo social y económico anterior a la pandemia o, al menos, intentar rehacerlos, o bien, si queremos eternizar la situación actual e ir apagándonos cómo aquella velita que se va quedando sin cera. En mi opinión, no tenemos alternativa, habrá que vacunarse cuanto antes mejor y el máximo de gente posible.

Otra encrucijada que tenemos en Cataluña en este momento es en el ámbito político. En el mes de febrero tenemos elecciones catalanas y nos tocará elegir a nuestros representante en el Parlament durante, teóricamente, los próximos cuatro años. Ante esta encrucijada que nos está a punto de llegar, los ciudadanos tendremos que tomar una decisión sobre a quién votar; yo creo que esta decisión tendría que ser tomada más con la cabeza que no con el corazón, cosa muy difícil hablando de política pero totalmente necesaria en los momentos que vivimos; una decisión tomada con la cabeza tendría que tener en cuenta la gestión hecha durante la pasada legislatura, la gestión hecha durante la actual pandemia y también valorar las propuestas para la próxima legislatura en todos los ámbitos. Habría que ver si la estrategia de la confrontación y del “cuanto peor, mejor” que algunos Grupos de todo signo han seguido durante la legislatura que ahora terminamos, nos ha aportado realmente algo y, en relación a la gestión de la pandemia, si las políticas tomadas han sido efectivas y han dado alguna solución a los colectivos más afectados por las medidas y decisiones tomadas. Personalmente yo tendré en cuenta muchos factores a la hora de emitir mi voto; en concreto, preferiré votar a quien me pueda aportar una mayor experiencia, no sólo política, sino en diferentes ámbitos, incluido el empresarial, y que también manifieste su voluntad de servir a todos los catalanes de manera centrada, independientemente de su ideología ya que los efectos de la crisis de la Covid-19 se espera que duren tiempo y el virus, del mismo modo que “no entendía de fronteras“, tampoco entiende de ideologías. En pocas palabras, intentaré elegir a quienes,  dejando aparte su ideología o propósito político último, me propongan políticas centradas de cara a la urgente mejora social y económica del país.

Es momento de encrucijadas, casi siempre los efectos a largo plazo de nuestras decisiones son difíciles de prever, pero no creo que ello sea así en los momentos actuales, creo que tenemos suficientes datos para poder decidir y decidir bien. Cuando llegue la vacuna, vacunémonos, volvamos a nuestra vida normal y a producir por el bien del país y de nuestro modelo social; cuando toque votar, votemos de la mejor manera que podamos teniendo en cuenta todos los factores para conseguir así el mejor Govern posible; pocas veces las decisiones pueden llegar a ser tan importantes como ahora.

Tortosa, 27-11-2020

Jordi Mulé.

Economista C.E.C. núm 13147

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